Jonathan Bello
Narrativa Orden 1

Trasfondo

Contexto histórico y conceptual del mundo de Citadel of Solar Souls (CSS), desde la era dorada de la humanidad hasta el estado actual del planeta.

Publicado: 23 de abril de 2026 ID: transfondo
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El entorno narrativo parte del lore escrito por Jhonnatan López Aguilar, conservado como referencia documental en Biblia del mundo. El GDD no transcribe todo ese material en cada entrada: lo sintetiza en una base operativa para diseño de mundo, personajes, zonas y tono. Las futuras iteraciones narrativas deberán mantener esta línea de continuidad.

La historia de Citadel of Solar Souls (CSS) se sitúa en un futuro muy lejano en el que la humanidad alcanzó uno de sus momentos de mayor esplendor. Lejos de los escenarios distópicos tradicionales, este mundo logró resolver gran parte de los conflictos entre progreso, sostenibilidad y calidad de vida. La tecnología y la naturaleza dejaron de estar enfrentadas y pasaron a coexistir en equilibrio dentro de una civilización de estética y filosofía solarpunk: ciudades verdes, energía sustentable, automatización avanzada, robótica integrada a la vida cotidiana y una inteligencia artificial plenamente incorporada al desarrollo humano.

Dentro de esta sociedad, cada ser humano recibía desde su nacimiento un chip llamado Hemis. Este sistema funcionaba como un asistente personal de por vida, orientado al acompañamiento, el aprendizaje y la gestión del conocimiento. Hemis no era visto como una herramienta excepcional, sino como una extensión natural de la experiencia humana dentro de una civilización altamente tecnificada. La humanidad vivía, en apariencia, una etapa de armonía total entre inteligencia, infraestructura, automatización y entorno natural.

Sin embargo, en algún momento ocurrió un evento todavía no esclarecido que provocó la desaparición de la humanidad. No se trata de un colapso visible en la forma clásica de guerra nuclear o destrucción total del planeta. El mundo no quedó reducido a cenizas, sino que permaneció en pie. Las ciudades siguieron existiendo. Los sistemas siguieron operando. Los robots continuaron trabajando. La infraestructura no se apagó de golpe. Lo que desapareció fue la presencia humana.

Doscientos años después de ese acontecimiento, el mundo continúa funcionando en un extraño estado de persistencia. La vegetación se ha expandido sobre edificios, calles, máquinas y zonas residenciales. Muchos robots siguen activos, aunque deteriorados, inestables o atrapados en bucles de comportamiento. Algunos continúan limpiando, transportando, vigilando o manteniendo espacios que ya no tienen habitantes. Otros se han degradado hasta volverse erráticos, violentos o incapaces de interpretar correctamente el entorno. Aun así, el viejo orden no se ha extinguido del todo: sigue latiendo mecánicamente bajo la superficie del abandono.

En este contexto, el jugador despierta en una mansión sin comprender quién es ni por qué está ahí. Para los robots que aún conservan funciones sociales o cognitivas, su aparición representa un milagro: creen estar frente al primer humano que han visto en dos siglos. El hecho de que el protagonista posea un Hemis refuerza esta idea y lo convierte en una figura central dentro de un mundo que todavía reconoce la autoridad, el valor o la presencia de lo humano.

El conflicto de fondo del juego nace de esta contradicción: el protagonista es tratado como el último humano en una civilización vacía de humanidad, pero la verdad final revelará que él también es una creación artificial. El mundo, por tanto, no es solo el escenario de una aventura, sino una interrogante abierta sobre identidad, memoria, herencia tecnológica y el sentido de una civilización que siguió funcionando incluso después de perder a sus creadores.